
De Nuevo aqui les dejo una pequeña investigacion sobre.. "personas de ningun Lugar"
Enjoy
Gaspard Hauser pareció que había caído del cielo. Apareció en las calles de Nuremberg, Alemania, en 1828, casi incapaz de andar y de decir su nombre. Según una carta toscamente escrita que llevaba encima, Gaspard tenia dieciséis años. Pero la carta, dirigida al capitán del Sexto Regimiento de Caballería, estacionado en Nuremberg, daba pocos detalles sobre la vida del muchacho. Decía: «Si no quieres quedarte con él, mátale o cuélgale de una chimenea.»
El carcelero local se apiadó de Gaspard y le instaló en su propia residencia, enseñándole pacientemente a hablar. Lo único que podía recordar el chico era que se había criado en una habitación oscura y apenas más grande que un armario, y sido alimentado con pan y agua. Parecía desconocer los objetos más corrientes. Un observador advirtió que, cuando le ponían una vela delante, trataba de apagar la llama con los dedos. Pero su sentido de la vista era tan agudo que, según se dijo, podía leer en la oscuridad y ver estrellas durante el día. Gaspard era también ambidextro y tenía una marcada aversión a la carne.
Debido a su lastimoso estado, toda Nuremberg adoptó a Gaspard, tratándole como a un hijo. Fue colocado bajo el cuidado personal de un tal profesor Daumer y atrajo la atención de toda la sociedad alemana y europea.
Entonces, el 17 de octubre de 1829, Gaspard fue encontrado en la casa de Daumer, con la frente sangrando de una cuchillada propinada por un hombre que llevaba una máscara negra y había aparecido de pronto. En 1831, fue herido de nuevo en la frente, al dispararse accidentalmente una pistola. El 14 de diciembre de 1833, Gaspard Hauser salió corriendo de un parque, mortalmente herido de otra cuchillada. Se registró el parque, pero no se encontró el arma. Más misterioso aún: sólo las huellas de pisadas de Gaspard pudieron verse en la nieve recién caída. Murió tres días más tarde.
Von Feurbach, uno de sus biógrafos, dijo, acerca del enigma de Nuremberg: «Gaspard Hauser mostró una falta tal de palabras y de ideas, una ignorancia tan absoluta de las cosas y fenómenos más corrientes de la Naturaleza, tal horror por todas las costumbres, convencionalismos y necesidades de la vida civilizada y, sobre todo, unas peculiaridades tan extraordinarias en su actitud social, mental y física, que uno podría sentirse inclinado a aceptar la alternativa de que era un ciudadano de otro planeta, transferido milagrosamente al nuestro».
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